El 14 de octubre, en Valencia, un compañero de Banca se suicidó tras visitarle el jefe de zona y el jefe de personal. Ni es el primero, ni el único, que elige esta opción para liberarse de la presión y exigencias de la desmesurada avidez empresarial por obtener mayores beneficios.
Las depresiones, los infartos y los suicidios son algo corriente entre los empleados bancarios, agobiados por sus condiciones de trabajo.
Se eliminan puestos de trabajo del personal que se jubila. Se reconvierten a tiempo parcial puestos de jornada completa. No se sustituyen ausencias por vacaciones, licencias familiares ni bajas médicas. Como consecuencia, se recargan las tareas del resto del personal, y si se producen incidencias que permitan despedir a quien convenga, mejor. En Baleares, tenemos un reciente e injustificable despido a causa de tanta saturación.
En su obsesión por reducir plantilla, se gastan millones en remodelar oficinas, y en dotarlas de artilugios para que la clientela ponga su tiempo a disposición del banco y se sirva ella misma, con mucho menor coste para la empresa y sin que sea preciso personal bancario.
Se exige del personal su colaboración para el adiestramiento de la clientela en la utilización de banca electrónica y telefónica, a la espera de que en un futuro se generalicen las órdenes por Internet, en las que el usuario soportará la mayor parte del coste.
Si las patronales más ricas del país pueden impunemente atentar contra la salud y contra el derecho constitucional al trabajo de su personal y están aprovechando el miedo al paro para contratar en trabajos administrativos y de venta a domicilio a universitarios con salarios irrisorios, negro porvenir les espera a nuestros hijos.
Gloria de Membiela Gonález.
Solidaridad Baleares
Publicado en la Vanguardia 18 de noviembre de 1999.